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¿Cuándo es conveniente llevar a tu bebé al pediatra?

Una de las principales dudas que suele asaltar a muchos padres, especialmente si se trata de padres primerizos, es cuándo es conveniente llevar a su hijo al pediatra o a la consulta de un médico especialista.

Precisamente, una de las dificultades más habituales a la hora de diagnosticar si un niño está enfermo es que el pequeño no puede comunicar a sus padres cómo se encuentra o qué parte del cuerpo le duele.

Cuándo llevar al bebé al pediatra

Por ello, si eres papá o mamá es importante que estés siempre muy atento a los posibles síntomas y signos que puedan delatar la enfermedad del niño, para poder llevarlo al pediatra cuando la situación así lo requiera.

Motivos para llevar a tu hijo al pediatra

Vómitos en los bebés y diarreas, toses, fiebre de más de 38 grados, un sarpullido en la piel... ¿Es suficiente alguno de estos síntomas para llevar a tu hijo al hospital? En primer lugar, hay que tener claro que no es lo mismo llevar a un niño al servicio de urgencias de un hospital, que llevarlo a una consulta con su pediatra de cabecera o a la de un médico especialista.

Desde el momento en el que tu pequeño viene al mundo es importante tener un experto en salud al que poder acudir, así que es conveniente que encuentres un pediatra en tu localidad, y a ser posible cerca de tu casa. Por ejemplo, al consultar con tu pediatra en Barcelona si vives en la ciudad condal, lo más recomendable es que no esté muy lejos de tu domicilio y que las vías para acceder en coche o transporte público sean fluidas en una ciudad con tanto tráfico de vehículos, con el objetivo de que puedas llevarlo a una exploración en consulta siempre que la situación así lo requiera y evitando demoras innecesarias que en algunos casos podrían agravar la situación.

Los motivos principales por los que los padres suelen llevar a sus hijos al pediatra con mayor frecuencia son: la fiebre persistente que dura más de dos días y supera los 38 grados, la tos y las afecciones del aparato digestivo, principalmente la fiebre y la diarrea.



Además de estas enfermedades comunes, los niños acuden también periódicamente a la consulta de su pediatra de cabecera para recibir las vacunas obligatorias que contempla el calendario de vacunas de niños, o para pasar distintas revisiones médicas que tienen lugar entre el primer día desde el nacimiento y hasta los seis años de edad.

Sin embargo, existen otra serie de motivos por los que es conveniente llevar a los niños al servicio de urgencias de un hospital, ya que podrían ser síntoma de enfermedades más graves. Así, hay que estar especialmente alerta si se detecta dificultad respiratoria, si el niño o el bebé está más irritable de lo normal y no encuentra consuelo en los brazos de sus padres, o si se detecta algún tipo de alteración circulatoria, como palidez o piel de color amoratado.

También son síntomas de alarma los vómitos o diarreas acompañados o no de sangre, así como cualquier otro síntoma que pueda delatar una intoxicación, bien alimentaria o por el consumo de algún producto tóxico por parte del niño, como una excesiva irritabilidad y/o fiebre.

En caso de que el niño reciba un golpe fuerte en la cabeza, también es conveniente llevarlo rápidamente al servicio de urgencias de un hospital, para que puedan hacerle las pertinentes pruebas y descarten la presencia de un traumatismo craneoencefálico.

Asimismo, si el niño se hace una herida en cualquier parte de su cuerpo, y no es posible cortar la hemorragia mediante una suave presión, será también necesario llevarlo a que sea explorado por un médico de urgencias.

También las fiebres acompañadas de exantemas cutáneos (erupciones en la piel) y los edemas o hinchazón en manos y pies, son motivos justificados para llevar al niño al servicio de urgencias de un hospital o clínica.

Los padres han de tener en cuenta que si el estado de ánimo del niño decae de forma repentina, aunque no tenga fiebre, es también necesario llevarlo al pediatra para que este especialista pueda diagnosticar el motivo o motivos que puedan estar provocando este cambio de actitud en el pequeño.

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